Hoy, día de San Jorge, Lucena de Jalón celebra la reapertura de La Piñuela renovada, una biblioteca para leer, compartir y encontrarse. Es un buen momento para dar las gracias: por este espacio recuperado, por el cuidado puesto en devolverlo a la vida del pueblo y por el trabajo de quienes hacen posible que una biblioteca siga siendo un lugar de relación.
Si a alguien le parece pequeña nuestra biblioteca, que abra un libro y vuelva a considerarlo. Un solo volumen puede contener siglos, países enteros, vidas ajenas, preguntas inmensas, consuelo, memoria, belleza, conflictos y culturas. Con unos cuantos estantes llenos, la medida cambia. Y cambia aún más cuando hay una bibliotecaria capaz de ponerlos en movimiento.
Ahí está una de las fuerzas de La Piñuela. Sus paredes guardan libros, y Tere, con su cuidado y su impulso, los despierta. Los acerca, los recomienda, los hace circular, los mezcla con la conversación y con la vida del pueblo. Hay en ese gesto algo de antigua botica: como quien trabaja el pistilo en el mortero para preparar un remedio mimado, ella agita la lectura hasta volverla encuentro, curiosidad, compañía y relación. Un auténtico medicamento, con sus indicaciones, sus contraindicaciones y sus efectos secundarios.
La lectura es, sin duda, un medicamento de los buenos. Está indicada en épocas de prisa, como la que nos toca vivir, de ruido, de rutina o de estrechez de horizonte. Resulta especialmente conveniente cuando hace falta ensanchar la mirada —y no solo en la infancia—, templar el ánimo o recordar que la vida siempre contiene más de lo que alcanzamos a ver a primera vista.
Y, como cualquier buen medicamento, tampoco está exenta de ciertos efectos secundarios: deseo de seguir leyendo cuando ya tocaba dormir, tendencia a recomendar libros a familiares, vecinos y amistades, ganas irresistibles de conversar sobre una página subrayada y una disposición creciente a comprender mejor otras vidas y otras razones. Parecen efectos secundarios, pero en realidad son efectos colaterales de algo que hace bien.
Las contraindicaciones son pocas. Puede provocar cierta inquietud, e incluso algún sarpullido intelectual, en quien prefiera atrincherarse en sus certezas, en quien no tenga mucha disposición a dejar entrar otras miradas o en quien tema que un buen libro le ensanche demasiado el mundo o le cuestione sus verdades. En esos casos, la recomendación sigue siendo la misma: empezar muy poco a poco; si el caso es grave, consulte siempre con su bibliotecaria; y leer un poco más.
En Lucena de Jalón llevamos tiempo recordando una idea sencilla y profunda: salud es relación. También por eso importa una biblioteca. Porque los libros nos ponen en relación con mentes de otros tiempos y de lugares remotos; y, gracias a quien los cuida y a quien los comparte, también nos ponen en relación entre nosotros. Cada lectura recomendada, cada conversación nacida de un libro, cada encuentro del club de lectura amplía un poco el espíritu y fortalece un poco la vida del pueblo.
Hoy celebramos la reapertura de La Piñuela con gratitud y con alegría. Que siga siendo un lugar de libros, de conversación y de encuentro. Que siga abriendo espacio por dentro y por fuera. Y que muchas personas entren, elijan una lectura y se lleven a casa uno de esos remedios discretos que, casi sin hacer ruido, mejoran la vida.