Durante el verano aumentan los viajes, las comidas fuera de casa y el riesgo de consumir agua o alimentos que no se hayan conservado correctamente. Como consecuencia, también son más frecuentes los episodios de diarrea aguda.
La diarrea es incómoda, pero no siempre debe entenderse únicamente como algo que hay que “cortar”. Cuando su origen es infeccioso, puede formar parte de la respuesta del organismo frente a microorganismos, toxinas u otras sustancias irritantes presentes en el intestino. Sin embargo, esta respuesta también provoca pérdidas de agua y sales y puede causar deshidratación.
Por eso, el objetivo principal no es detener inmediatamente las deposiciones, sino mantener una hidratación adecuada y valorar correctamente la situación.
Antes de “cortar”: ¿es realmente diarrea?
No toda deposición blanda o poco consistente significa que haya diarrea. A veces, después de una comida diferente, un cambio de rutina o un episodio digestivo puntual, puede aparecer una o dos deposiciones más blandas de lo habitual sin que sea necesario tomar un antidiarreico.
De forma general, hablamos de diarrea cuando aparecen tres o más deposiciones blandas o líquidas en 24 horas, o cuando la frecuencia de las deposiciones aumenta claramente respecto a lo habitual en esa persona.
Esta diferencia es importante: ante una diarrea real, la prioridad es hidratar y observar la evolución; ante un episodio aislado de heces blandas, muchas veces basta con vigilar, mantener una buena hidratación y evitar comidas muy grasas o irritantes durante unas horas.
Lo primero: reponer el agua y las sales perdidas
La medida más importante ante una diarrea aguda es beber suficiente líquido.
Cuando las deposiciones son repetidas, también hay vómitos o la persona presenta un mayor riesgo de deshidratación, la opción preferente es una solución de rehidratación oral. Su composición facilita la reposición conjunta de agua, glucosa y electrolitos.
La hidratación sigue siendo necesaria aunque se utilice cualquier otro producto para aliviar los síntomas. Ningún antidiarreico sustituye la reposición de líquidos y sales.
La solución de rehidratación oral debe prepararse exactamente con la cantidad de agua indicada en el envase. Hacerla más concentrada no aumenta su eficacia y puede alterar la proporción adecuada de sales.
Conviene beberla en cantidades pequeñas y frecuentes. Una vez reconstituida, debe conservarse y desecharse siguiendo las indicaciones del envase; habitualmente, se recomienda no utilizarla más allá de 24 horas tras su preparación. Si hay vómitos, suelen tolerarse mejor los sorbos repetidos que beber un vaso entero de una sola vez.
Las bebidas deportivas, los refrescos y los zumos no sustituyen a una solución de rehidratación oral cuando existe deshidratación o riesgo de que aparezca.
¿Hay que comer?
Si no hay apetito, no hace falta forzarse a comer durante las primeras horas. Lo esencial es permanecer hidratado.
Cuando vuelva el apetito, pueden tomarse pequeñas cantidades de alimentos habituales que resulten fáciles de tolerar, como:
-
Arroz, pasta, pan o patata.
-
Plátano, manzana o verduras cocinadas.
-
Caldos suaves.
-
Pollo, pavo, pescado o huevo preparados de forma sencilla.
No es necesario seguir una dieta astringente muy estricta. La alimentación habitual puede recuperarse progresivamente conforme mejoren los síntomas.
En lactantes debe mantenerse la lactancia materna. Las fórmulas infantiles no deben diluirse ni modificarse sin indicación sanitaria.
Loperamida: ¿qué significa realmente “cortar” la diarrea?
Algunos antidiarreicos son muy conocidos y se solicitan con frecuencia en la farmacia porque prometen un alivio rápido. Entre ellos, la loperamida es uno de los más habituales.
La loperamida actúa reduciendo la motilidad intestinal y enlenteciendo el tránsito. De esta manera disminuye la frecuencia de las deposiciones, pero no elimina la causa que ha originado la diarrea.
Puede producir alivio en determinadas diarreas agudas inespecíficas, pero detener o enlentecer el tránsito no siempre es la estrategia más conveniente. En algunos procesos infecciosos o inflamatorios, reducir el movimiento intestinal puede ser contraproducente.
No debe utilizarse como tratamiento principal cuando hay sangre en las heces y fiebre elevada, sospecha de infección intestinal invasiva, diarrea relacionada con determinados antibióticos, estreñimiento, íleo o distensión abdominal.
También debe evitarse la automedicación si existe dolor abdominal intenso, empeoramiento rápido del estado general o dudas sobre el origen de la diarrea.
Cuando esté indicada, si no hay mejoría en un máximo de 48 horas, debe suspenderse y solicitar una nueva valoración sanitaria.
Una sobredosis de loperamida puede provocar alteraciones cardiacas y neurológicas graves. Por eso no debe superarse la dosis recomendada ni combinarse con otros tratamientos sin consejo profesional.
Cuando parece diarrea, pero puede ser estreñimiento
Hay situaciones en las que lo que parece diarrea puede no serlo. Esto puede ocurrir especialmente en personas mayores, sedentarias, encamadas o con estreñimiento de varios días.
Cuando las heces permanecen retenidas durante mucho tiempo, pueden endurecerse y formar una acumulación o “tapón”. A veces, pequeñas cantidades de heces líquidas consiguen pasar alrededor de esa retención y aparecen escapes o deposiciones líquidas. Esto puede interpretarse como diarrea, aunque el problema de fondo sea un estreñimiento importante.
En estos casos, intentar “cortar” las deposiciones con loperamida puede empeorar el problema, porque el origen no es un exceso de tránsito, sino una posible retención fecal.
Por eso, antes de recomendar un antidiarreico, es importante preguntar si ha habido estreñimiento previo, cuándo fue la última deposición normal, si hay sensación de tapón, dolor, distensión abdominal, dificultad para evacuar, escapes involuntarios o sensación de evacuación incompleta.
En Farmacia Túnez no planteamos la loperamida como recomendación habitual. Antes de intentar “cortar” la diarrea, preferimos valorar el origen probable, el estado de hidratación, la edad, los síntomas de alarma, el patrón intestinal previo y la medicación habitual de cada persona.
Adsorción y absorción: no significan lo mismo
En el tratamiento de la diarrea pueden aparecer dos términos parecidos, pero no equivalentes: absorción y adsorción.
La absorción es el paso de una sustancia desde el intestino hacia la sangre. Por ejemplo, muchos medicamentos se absorben después de tomarlos por vía oral para poder ejercer su efecto en el organismo.
La adsorción, en cambio, es un fenómeno de superficie: determinadas sustancias quedan retenidas o adheridas a la superficie de otra. Algunos productos utilizados en diarrea actúan localmente en la luz del intestino y pueden captar ciertas sustancias presentes allí, sin basar su efecto en frenar el movimiento intestinal.
Esta diferencia es importante porque los adsorbentes no son selectivos. Pueden captar sustancias no deseadas, pero también medicamentos administrados por vía oral y reducir su absorción. Por eso, si se utilizan, conviene revisar la medicación habitual y separar las tomas siguiendo la ficha técnica o el consejo farmacéutico.
Otra estrategia: actuar en la luz intestinal sin inhibir la motilidad
Tras una valoración sanitaria, pueden considerarse algunos productos que actúan localmente en la luz intestinal, como determinados adsorbentes intestinales.
A diferencia de la loperamida, estos productos no basan su acción en frenar el movimiento intestinal. Actúan en el interior del intestino y pueden adsorber determinadas sustancias presentes en la luz intestinal.
En España existen presentaciones de carbón activado autorizadas para el tratamiento sintomático de procesos diarreicos inespecíficos. Su acción es física: puede adsorber determinadas sustancias en el tracto intestinal y se elimina con las heces.
Estos productos no sustituyen a la solución de rehidratación oral. Pueden ayudar en determinados casos, pero no compensan por sí solos la pérdida de agua y electrolitos.
Además, los adsorbentes pueden reducir la absorción de medicamentos administrados por vía oral. La propia diarrea también puede alterar la absorción de algunos tratamientos debido al aumento del tránsito, los vómitos o la afectación intestinal.
Por eso, el farmacéutico debe revisar la medicación habitual, valorar si el adsorbente es adecuado e indicar cómo separar las tomas.
El carbón activado puede oscurecer las heces. Si las heces negras aparecen antes de tomarlo, tienen aspecto alquitranado o se acompañan de mal estado general, dolor, mareo o sospecha de sangrado digestivo, debe solicitarse valoración sanitaria. Si además existe deterioro del estado general, la valoración debe ser urgente.
Cuándo solicitar valoración sanitaria
Debe consultarse cuando aparezca alguna de estas situaciones:
-
Sangre o pus en las deposiciones.
-
Heces negras o de aspecto alquitranado.
-
Fiebre alta o persistente.
-
Dolor abdominal intenso, localizado o que va en aumento.
-
Distensión abdominal importante.
-
Vómitos repetidos que impiden beber.
-
Sed intensa, boca muy seca o reducción clara de la orina.
-
Mareo, somnolencia, confusión o debilidad marcada.
-
Diarrea que comienza durante o después de un tratamiento antibiótico.
-
Diarrea que no mejora en 48 horas o continúa durante varios días.
-
Síntomas después de un viaje.
-
Varias personas afectadas tras consumir los mismos alimentos.
-
Empeoramiento de una enfermedad crónica.
-
Heces líquidas o escapes tras varios días de estreñimiento.
Seremos más precavidos con lactantes, niños pequeños, personas mayores, embarazadas, pacientes inmunodeprimidos y personas con enfermedad renal, cardiaca, metabólica o una situación clínica frágil.
La incapacidad para beber, la ausencia prolongada de orina, la confusión, la pérdida de conciencia, la piel fría o moteada o un deterioro rápido del estado general requieren atención urgente.
Cómo evitar nuevos contagios
Muchas diarreas infecciosas se transmiten a través de las manos, el agua, los alimentos o las superficies contaminadas.
Para reducir el riesgo:
-
Lavarse bien las manos con agua y jabón después de ir al baño y antes de cocinar o comer.
-
Limpiar utensilios, encimeras, tablas y superficies que puedan haberse contaminado, especialmente después de manipular alimentos crudos.
-
Separar los alimentos crudos de los ya cocinados o listos para consumir.
-
Cocinar completamente carnes, pescados, mariscos y huevos.
-
Refrigerar rápidamente los alimentos preparados.
-
Utilizar agua segura para beber, cocinar y preparar hielo.
-
No preparar comida para otras personas mientras continúe la diarrea.
-
No compartir toallas durante el episodio.
En la farmacia podemos ayudarte
Antes de recomendar un producto realizaremos una valoración sanitaria breve para conocer:
-
Desde cuándo existen las deposiciones líquidas o blandas y cuántas se producen al día.
-
Si se trata de una diarrea real o de uno o dos episodios aislados de heces menos consistentes.
-
Si hay fiebre, sangre, dolor o distensión abdominal.
-
Si la persona puede beber y está orinando con normalidad.
-
Si ha tomado antibióticos recientemente.
-
Si ha viajado o hay otras personas afectadas.
-
Si antes de las heces líquidas hubo varios días de estreñimiento, sensación de tapón, escapes involuntarios o dificultad para evacuar.
-
Su edad, enfermedades y medicación habitual.
También podemos ayudarte a elegir y preparar correctamente una solución de rehidratación oral, valorar si resulta apropiado utilizar un adsorbente intestinal y revisar cómo puede afectar la diarrea al tratamiento habitual.
La diarrea no es solo un síntoma incómodo: en ocasiones puede formar parte de la respuesta del organismo ante algo que está irritando o dañando el intestino. Otras veces, lo que parece diarrea puede ser un signo de otro problema, como un estreñimiento importante con escapes líquidos.
Por eso, antes de “cortarla”, conviene hidratar, observar y valorar.
Preguntas frecuentes:
¿Hay que cortar la diarrea cuanto antes?
No necesariamente. En muchos episodios agudos, lo prioritario es mantener la hidratación, observar la evolución y valorar la posible causa antes de reducir la motilidad intestinal.
¿Qué puedo comer si tengo diarrea?
Si no hay apetito, no es necesario forzarse. Cuando apetezca comer, pueden tomarse pequeñas cantidades de alimentos habituales y fáciles de tolerar, recuperando progresivamente la dieta normal.
¿Cuándo debería tomar una solución de rehidratación oral?
Está especialmente indicada cuando las deposiciones son frecuentes, existen vómitos o hay mayor riesgo de deshidratación, como sucede en niños pequeños, personas mayores o pacientes frágiles.
¿Cuándo debo consultar?
Cuando haya sangre en las heces, fiebre alta, dolor intenso, vómitos que impidan beber, signos de deshidratación, empeoramiento general o falta de mejoría.