El final de agosto devuelve a millones de personas a la carretera. Este año, la Operación Especial Retorno del Verano 2026 de la Dirección General de Tráfico (DGT) comienza el viernes 28 de agosto a las 15:00 horas y se prolonga hasta la medianoche del lunes 31. Durante estos cuatro días se prevén 6.880.000 movimientos de largo recorrido.
Antes de salir solemos revisar el coche, consultar el tráfico, preparar la ruta o decidir dónde vamos a parar.
Pero hay otra pregunta que no siempre nos hacemos:
¿Pueden influir mi estado de salud, mi medicación, el calor o el cansancio en mi capacidad para conducir?
La respuesta es sí. Y no siempre por el motivo más evidente.
Es fácil pensar en los medicamentos que producen sueño. Sin embargo, durante un viaje largo de verano también pueden influir una enfermedad que no está bien controlada, una bajada de glucosa o de tensión, el calor, la deshidratación, retrasar una comida o varias horas de cansancio acumulado.
Y muchas veces el riesgo no procede de un único factor, sino de la suma de varios.
Por eso, en esta Operación Retorno, además de revisar el vehículo, merece la pena revisar también cómo llegamos nosotros al volante.
No todo lo que afecta a la conducción produce sueño
Cuando hablamos de medicamentos y conducción, solemos pensar primero en algunos tratamientos para el insomnio, la ansiedad, las alergias, el dolor o determinadas enfermedades neurológicas.
Es lógico. Algunos medicamentos pueden provocar somnolencia, disminuir la atención, reducir los reflejos o alterar la coordinación.
Pero la somnolencia no es el único problema que puede comprometer una conducción segura.
También debemos prestar atención a síntomas como:
- mareo;
- visión borrosa;
- debilidad;
- sensación de inestabilidad;
- dificultad para concentrarse;
- alteraciones de la coordinación;
- confusión;
- una bajada de glucosa;
- una bajada excesiva de la presión arterial;
- o signos de deshidratación.
Lo importante no es alarmarse, sino prestar atención a cómo nos encontramos.
Si algo está afectando a nuestra atención, visión, coordinación o capacidad de reacción, no es momento de seguir conduciendo.
A veces no es solo el medicamento: también cuenta la enfermedad
Los medicamentos no aparecen aislados. Normalmente los utilizamos porque existe una enfermedad o un problema de salud.
Y esa enfermedad también puede influir en nuestra capacidad para conducir.
Por eso no debemos preguntarnos únicamente:
«¿Este medicamento afecta a la conducción?»
La pregunta más completa sería:
«¿Mi enfermedad, mi tratamiento y cómo me encuentro hoy me permiten conducir con seguridad?»
Tratar correctamente una enfermedad puede, de hecho, contribuir a que conduzcamos con mayor seguridad. El medicamento no debe considerarse automáticamente el problema.
La situación puede cambiar cuando la enfermedad no está bien controlada, aparecen síntomas, se acaba de iniciar o modificar un tratamiento o el viaje añade otras circunstancias: calor, cansancio, menor hidratación o cambios en los horarios de comida.
Diabetes: una bajada de glucosa puede cambiar la situación rápidamente
En las personas con diabetes, uno de los riesgos más relevantes al volante es la hipoglucemia, es decir, una bajada excesiva de glucosa.
No todos los tratamientos para la diabetes tienen el mismo riesgo de producirla. Sin embargo, la insulina y determinados medicamentos con capacidad hipoglucemiante pueden favorecer su aparición.
Una hipoglucemia puede provocar temblor, sudoración, hambre, dificultad para concentrarse, confusión, alteraciones de la coordinación, somnolencia o problemas visuales, entre otros síntomas.
Y durante un viaje largo aparece una situación muy habitual:
«Ya queda poco, paramos más adelante».
Eso puede significar retrasar una comida o prolongar demasiado la conducción.
En una persona susceptible de presentar hipoglucemias, alterar esos horarios puede ser importante.
Por eso conviene planificar las comidas y los controles indicados, no saltarse las comidas y llevar disponible glucosa o aquello que se utilice habitualmente para corregir una hipoglucemia.
Si aparecen síntomas mientras conduces, detén el vehículo en un lugar seguro, corrige la hipoglucemia según las indicaciones que tengas y no vuelvas al volante hasta haberte recuperado adecuadamente.
Además, no debemos olvidar que algunas complicaciones de la propia diabetes pueden afectar a la visión, la sensibilidad o la función cardiovascular.
Hipertensión: importa cómo te encuentras
Tomar un medicamento para la hipertensión no significa que no podamos conducir.
Sin embargo, algunos tratamientos pueden producir hipotensión, mareo o sensación de inestabilidad, especialmente al iniciarlos o después de un cambio de dosis o de medicamento.
Y en verano aparece otra variable: el calor.
Si además hemos sudado mucho, hemos bebido menos de lo habitual o llevamos varias horas de viaje, podemos encontrarnos en una situación diferente a la de un día normal.
Por eso, si durante una parada te levantas y notas mareo, visión extraña, debilidad o sensación de desvanecimiento, no vuelvas inmediatamente al volante.
Primero hay que comprobar cómo te encuentras.
Diuréticos, calor y la tentación de beber menos para no parar
Este es probablemente uno de los riesgos que más fácilmente puede pasar desapercibido.
Los diuréticos pueden favorecer alteraciones de la hidratación y de los electrolitos, algo especialmente relevante cuando coinciden con temperaturas elevadas.
Ahora imaginemos una escena muy habitual:
Hace calor.
Llevamos varias horas conduciendo.
Tenemos ganas de llegar.
Y decidimos beber menos para no tener que parar al baño.
En determinadas personas, esta decisión puede ser más importante de lo que parece.
Si además se toma un diurético, existe una enfermedad crónica, se utilizan varios medicamentos o se trata de una persona mayor, el calor y la deshidratación pueden alterar un equilibrio que habitualmente se mantiene estable.
La recomendación no consiste en beber grandes cantidades de golpe, sino en mantener una hidratación adecuada a la situación clínica y no reducir deliberadamente la ingesta de líquidos únicamente para ahorrarnos una parada.
Hay una excepción importante: algunas personas tienen indicada una restricción de líquidos por determinadas enfermedades cardiacas, renales u otras situaciones. En estos casos debe respetarse la pauta individual indicada por los profesionales sanitarios.
Y algo fundamental:
no reduzcas, suspendas ni cambies por tu cuenta la dosis de un diurético para evitar tener que parar durante el viaje.
Calor y medicamentos: muchas veces el riesgo está en la suma
Las temperaturas elevadas pueden cambiar las condiciones en las que nuestro organismo responde tanto a una enfermedad como a determinados medicamentos.
Las personas mayores, quienes padecen enfermedades crónicas, quienes toman varios medicamentos y las personas dependientes pueden ser especialmente vulnerables.
Algunos tratamientos pueden favorecer alteraciones de la hidratación o de los electrolitos, afectar a la función renal, disminuir la presión arterial o comportarse de forma diferente cuando existe deshidratación.
Por eso no deberíamos preguntarnos únicamente:
«¿Mi medicamento permite conducir?»
La pregunta más útil puede ser:
«¿Cómo estoy hoy, con mi enfermedad, mi tratamiento, este calor y varias horas de carretera por delante?»
Un tratamiento que llevamos utilizando durante meses sin problemas puede encontrarse en un contexto diferente cuando se combina con altas temperaturas, menos hidratación de la habitual, una comida retrasada y cansancio acumulado.
El cansancio también se acumula
A todo lo anterior debemos añadir uno de los grandes enemigos de la conducción: la fatiga.
La DGT señala que la somnolencia interviene directa o indirectamente en entre el 15 % y el 30 % de los accidentes de tráfico en España.
También recomienda interrumpir la conducción cada dos horas o cada 200 kilómetros, realizando pausas de al menos 20–30 minutos.
Y si aparece sueño o cansancio antes, hay que parar antes.
Parar no es perder tiempo.
Una parada permite:
- salir del vehículo y moverse;
- descansar;
- hidratarse;
- comer cuando corresponda;
- controlar la glucosa si está indicado;
- y comprobar cómo nos encontramos antes de continuar.
No hay que esperar a estar agotado para detenerse.
Una nota sobre el alcohol
Si vas a conducir, el alcohol debe quedar fuera del viaje.
Además, puede potenciar la somnolencia, el mareo y otros efectos de determinados medicamentos.
Dicho esto, aquí queremos poner el foco especialmente en riesgos que a veces pasan más desapercibidos: la enfermedad, la medicación habitual, el calor, la deshidratación, una hipoglucemia, una bajada de tensión y el cansancio.
¿Y el pictograma del coche de algunos medicamentos?
Algunos medicamentos comercializados en España incorporan en su envase un triángulo rojo con un coche negro y la indicación:
«Conducción: ver prospecto».
Este pictograma no significa automáticamente que esté prohibido conducir.
Su objetivo es llamar nuestra atención para que consultemos cómo puede afectar ese medicamento a la conducción. Esta información aparece en la sección 2 del prospecto, en el apartado «Conducción y uso de máquinas».
Pero hay otra idea importante:
el pictograma no sustituye a observar cómo nos encontramos.
Una hipoglucemia, una bajada de tensión, una enfermedad descompensada, la deshidratación o el cansancio también pueden comprometer la conducción.
Por eso debemos considerar el medicamento, la enfermedad, la persona y las circunstancias concretas del viaje.
Antes de salir: siete comprobaciones sencillas
Antes de iniciar un desplazamiento largo, dedica también unos minutos a tu salud:
- Piensa en cómo te encuentras. Si tienes mareo, debilidad, visión borrosa, somnolencia, confusión o falta de coordinación, no conduzcas sin valorar la situación.
- Revisa tu medicación, especialmente si acabas de iniciar un tratamiento o te han cambiado una dosis.
- Comprueba si algún medicamento lleva el pictograma de conducción y consulta el apartado correspondiente del prospecto.
- Si tienes diabetes y utilizas un tratamiento con riesgo de hipoglucemia, planifica las comidas, los controles y cómo actuar ante una bajada de glucosa.
- Si tomas medicamentos para la tensión o diuréticos, presta atención a mareo, debilidad o sensación de inestabilidad, especialmente con calor.
- No bebas menos únicamente para evitar parar. Mantén una hidratación adecuada a tu situación y respeta cualquier restricción de líquidos que te hayan indicado.
- Para cada dos horas o cada 200 kilómetros, y antes si aparece cansancio, sueño, mareo, debilidad, alteraciones visuales o cualquier síntoma que pueda comprometer la conducción.
Y recuerda:
no suspendas ni modifiques por tu cuenta un tratamiento para poder conducir, soportar mejor el calor o evitar una parada.
Tu salud también forma parte del viaje
La seguridad vial no depende únicamente del estado del coche, de los neumáticos, de la velocidad o de la carretera.
También depende de cómo llegamos nosotros al volante.
Un viaje largo de verano puede cambiar nuestra rutina: más calor, horarios diferentes, comidas retrasadas, cambios en la hidratación, cansancio y muchas horas de carretera.
Todos estos factores pueden interactuar con nuestra salud y con los medicamentos que utilizamos.
Por eso, antes de un desplazamiento largo —especialmente si eres una persona mayor, tienes diabetes, hipertensión, enfermedad cardiovascular o renal, tomas varios medicamentos o has cambiado recientemente de tratamiento—, merece la pena revisar también tu situación de salud y tu medicación.
En Farmacia Túnez podemos ayudarte a revisar tus tratamientos, comprobar qué precauciones pueden ser necesarias durante el viaje y resolver tus dudas antes de ponerte al volante.
Porque durante la Operación Retorno no se trata de aguantar unos kilómetros más. Se trata de llegar bien.
Actualizado a 28/08/2026