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Crónica de la última sesión de la Escuela de Salud

El pasado 12 de febrero celebramos, en la Asociación Verde Doncella, una nueva sesión de la Escuela de Salud de Lucena de Jalón. El tema elegido fue tan frecuente como complejo: vivir con dolor.

No fue una charla para ofrecer soluciones milagro ni recetas infalibles. Fue algo más necesario: un espacio para comprender, escuchar y compartir, guiado por la experiencia y el criterio de nuestra doctora.

No todos los dolores son iguales

La sesión comenzó con la intervención de nuestra doctora, que abrió el encuentro con una idea esencial: el dolor no es una experiencia única ni uniforme.

Con claridad y cercanía explicó que existen distintos tipos de dolor —somático, visceral, neuropático, entre otros— y también diferentes formas en las que puede presentarse.

Detalló cómo el dolor agudo actúa como señal de alarma y suele mejorar cuando se trata la causa que lo provoca, mientras que el dolor persistente o crónico es más complejo y requiere un abordaje individualizado, cuidadoso y sostenido en el tiempo.

También recordó algo fundamental: el dolor es subjetivo, pero no arbitrario. En la consulta existen herramientas para valorarlo, como la escala visual analógica (EVA) o la escala de las caritas. No solo se mide la intensidad, sino también cómo afecta al descanso, al estado de ánimo, a la movilidad y a la vida cotidiana.

Su mensaje fue claro: en el dolor no existe el “café para todos”. Cada persona es distinta y el tratamiento debe adaptarse a su edad, a sus enfermedades asociadas y a su contexto vital.

Además, subrayó la importancia de la paciencia terapéutica: algunos tratamientos necesitan tiempo para mostrar efecto, y el reto consiste en aliviar sin causar daño.

Cuando hablan los verdaderos expertos

Tras la parte más clínica llegó el momento más valioso de la sesión: cuando tomaron la palabra quienes conviven con dolor cada día.

Nuestra doctora propuso una pregunta sencilla pero profunda: ¿qué significa vivir con dolor?

Las respuestas dibujaron un mapa emocional intenso:

Aguantar.
Sensación de locura.
Impotencia.
Rabia.
Mal humor.
Desazón.
Torpeza.

El dolor no es solo físico. Impacta en el carácter, en la paciencia, en la autoestima y en las relaciones.

Pero también apareció una palabra luminosa: superación.

Una participante compartió su experiencia con la fibromialgia. Explicó cómo aprende a manejar los brotes y habló de algo que muchas personas reconocen en las fases iniciales: la sensación de no ser creídas. “Que te tomen por loca”, dijo con serenidad.

Nuestra doctora aprovechó ese testimonio para insistir en la importancia del reconocimiento y de la empatía. Validar el sufrimiento es el primer paso para acompañarlo.

Hablarlo en grupo no elimina el dolor, pero sí reduce la sensación de soledad.

Un diálogo entre generaciones

Hubo un momento especialmente significativo.

La nieta adolescente de la participante con fibromialgia quiso acompañar a su abuela. Tras escuchar atentamente todo lo que se compartía en un grupo formado en su mayoría por personas mayores, levantó la mano y preguntó si la fibromialgia era hereditaria.

Nuestra doctora respondió con claridad: no es una enfermedad hereditaria en sentido clásico, aunque puede existir cierta predisposición. Pero, más allá del contenido clínico, lo verdaderamente importante fue el gesto: una joven interesándose por comprender la experiencia de su abuela.

Ese instante nos recordó algo esencial: el dolor no afecta solo a quien lo padece, sino también a su entorno. Y hablar de él con claridad ayuda a romper miedos, dudas y silencios entre generaciones.

Lo que dicen los datos

De las 23 personas asistentes, 18 completaron la encuesta de valoración.

Los resultados fueron muy positivos:

  • El 100 % se sintió “muy a gusto” o “bien”.

  • El 100 % manifestó entender mejor su dolor.

  • El 94 % se sintió escuchado/a.

  • El 89 % expresó mayor confianza para hablar del dolor con profesionales sanitarios tras la sesión.

En los comentarios se repetía una petición sencilla pero significativa: “Seguir con más charlas”. Gratitud.

Y también una reflexión profunda: “Tenemos que aprender a escucharnos”.

Solo por eso, el esfuerzo merece la pena. Muchas gracias a todos los participantes.

La farmacia también acompaña

Desde la farmacia vemos el dolor en muchas de sus formas. Revisar tratamientos, reforzar la adherencia, evitar combinaciones inadecuadas y vigilar reacciones adversas forman parte del cuidado.

Pero cuidar también es escuchar.

La Escuela de Salud no sustituye la consulta médica ni la farmacia: las conecta. Y nos recuerda que, cuando hablamos de dolor, el protagonista es siempre el paciente.

Seguimos aprendiendo juntos.

La Escuela de Salud de Lucena de Jalón continúa promoviendo actividades de educación sanitaria para mejorar la calidad de vida de sus vecinos.

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