Hoy: 08:50-12:50 h , 17:00-19:00 h 976813889 605608036
Tiempo de lectura 3 min.

Introducción: más allá de los nutrientes

Esta pasada semana celebramos en la Escuela de Salud de Lucena de Jalón una sesión dedicada a reflexionar sobre la comida más allá de su valor nutricional, abordando su dimensión emocional, educativa, cultural y relacional, una perspectiva cada vez más reconocida también desde la evidencia científica y los marcos de alfabetización alimentaria.

Aunque el grupo fue más reducido que en otras ocasiones, el ambiente fue cercano y muy participativo. En contextos así, la escucha es más profunda y el intercambio de experiencias resulta especialmente significativo.

Comida, memoria y vínculo: la dimensión cultural

La sesión se abrió de forma especialmente acertada gracias a nuestra bibliotecaria, que introdujo el tema a partir de la obra Los misterios de la taberna Kamogawa. Este arranque situó desde el inicio la reflexión en un plano distinto al puramente nutricional. En la taberna Kamogawa no se cocina para impresionar ni para innovar, sino para reconectar: cada plato es una reconstrucción cuidadosa de un recuerdo, un gesto de escucha y de acompañamiento.

La bibliotecaria amplió la mirada con referencias como Como agua para chocolate, Chocolat o La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey. Incluso en contextos de escasez extrema, la comida cumple una función esencial: sostener la identidad, la memoria y la cohesión social. En esta última obra, una tarta elaborada con mondas de patata simboliza cómo la comida puede alimentar algo más que el cuerpo, transformando la carencia en vínculo.

Aprender comiendo: la mirada educativa

La intervención de nuestra querida maestra jubilada aportó una valiosa mirada educativa. Compartió la doble enseñanza de la alimentación: la que se impartía en el aula y la que se producía fuera de ella, en recreos, excursiones y convivencias. Cocinar y comer juntos se convertía en una herramienta pedagógica capaz de generar vínculos duraderos entre alumnado, familias y profesorado. Estas prácticas, que durante años formaron parte del saber cotidiano, cuentan hoy con un claro respaldo científico y se alinean con el enfoque de la alfabetización alimentaria, que integra conocimientos, habilidades y valores en torno a la comida.

Comer juntos es salud: evidencia y acompañamiento profesional

Desde la farmacia se conectaron estas vivencias con el conocimiento sanitario actual. Hoy sabemos que las comidas compartidas se asocian a mejores resultados en salud física y bienestar emocional, mayor adherencia terapéutica y menor riesgo de malnutrición o de trastornos de la conducta alimentaria, especialmente en infancia y adolescencia. Estas observaciones, compartidas durante décadas por docentes y familias, cuentan hoy con un respaldo científico sólido.

También se abordaron aspectos prácticos de seguridad alimentaria, conservación de alimentos en el hogar y la interacción entre alimentos, plantas medicinales y medicamentos, recordando que incluso productos considerados "naturales" pueden modificar la eficacia o seguridad de los tratamientos. Finalmente, se ofreció una mirada prudente sobre los nuevos fármacos para el control del peso (como los agonistas del receptor GLP-1), subrayando que son herramientas útiles en contextos clínicamente indicados, pero que no sustituyen los hábitos ni resuelven la relación emocional con la comida.

Cierre simbólico y visión comunitaria

El cierre de la sesión retomó deliberadamente el hilo narrativo inicial, volviendo a la taberna Kamogawa y a un detalle significativo: allí se cobra "la voluntad". Un gesto que subraya que lo que allí se ofrece —el recuerdo, la reparación emocional, el alimento del espíritu— no admite un precio cerrado.

La experiencia reafirmó el valor de un enfoque verdaderamente comunitario de la salud. La mirada educativa de la maestra, la sensibilidad cultural de la bibliotecaria, el criterio clínico de la doctora y el acompañamiento desde la farmacia enriquecen de forma decisiva el proyecto. Esta diversidad de voces y saberes no solo suma, sino que multiplica el impacto y el sentido de las actividades.

La sesión confirmó una idea que vertebra nuestra Escuela de Salud:
la salud también se construye en la relación, en el tiempo compartido, en la transmisión de saberes y en el cuidado mutuo.

Gracias a todas las personas que participaron y compartieron su experiencia.
Seguimos aprendiendo juntos.


Referencias (formato Vancouver)

  1. Hammons AJ, Fiese BH. Is frequency of shared family meals related to the nutritional health of children and adolescents? Pediatrics. 2011;127(6):e1565–74. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/21536618/
  2. Fulkerson JA, Larson N, Horning M, Neumark-Sztainer D. A review of associations between family or shared meal frequency and dietary and weight status outcomes across the lifespan. J Nutr Educ Behav. 2014;46(1):2–19.
  3. Eisenberg ME, Olson RE, Neumark-Sztainer D, Story M, Bearinger LH. Correlations between family meals and psychosocial well-being among adolescents. Arch Pediatr Adolesc Med. 2004;158(8):792–6.
  4. Crawford F, et al. The health and well-being impacts of community shared meals: a scoping review. Int J Environ Res Public Health. 2022;19(24):16732. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC9795837/
  5. Dunbar RIM. Breaking bread: the functions of social eating. Adaptive Human Behavior and Physiology. 2017;3:198–211.
  6. Vidgen HA, Gallegos D. Defining food literacy and its components. Appetite. 2014;76:50–59.

Escribe un comentario

Este sitio está protegido por reCAPTCHA y se aplican la Política de Privacidad de Google y los Términos de Servicio.
*Campos obligatorios